Movimiento Ciudadano en Altamira no nació de la improvisación. Su origen se remonta al entonces Partido Convergencia, encabezado por Antonio del Ángel del Ángel y la doctora Griselda Paz, quienes lograron posicionar a la organización como una opción emergente entre la ciudadanía altamirense. El trabajo territorial fue clave para que, ya bajo las siglas de Movimiento Ciudadano, el partido comenzara a ganar simpatías y presencia política.
Para el año 2011, Convergencia ya operaba como Movimiento Ciudadano y enfocaba sus esfuerzos en tierra con un objetivo claro: obtener representación en el Cabildo de Altamira. Ese esfuerzo rindió frutos en 2014, cuando el partido logró su primera regiduría durante la administración del entonces alcalde Armando López, marcando un punto de inflexión en su crecimiento local.
En los años posteriores, el movimiento naranja incrementó su fuerza política; sin embargo, ese avance también trajo consigo prácticas que se alejaron de la esencia ciudadana que le dio origen. La incorporación de perfiles provenientes del PRI, como Eduardo Pérez Hernández —cercano a la dirigencia estatal encabezada por Gustavo Cárdenas— derivó en decisiones que despertaron cuestionamientos internos y externos. Prueba de ello fue la designación de su esposa, Juanita Partida, como candidata a regidora y posteriormente electa durante la administración de la ex alcaldesa Alma Laura Amparán (2018-2021).
Con estos movimientos, el partido comenzó a transitar de un proyecto ciudadano a una estructura cada vez más cerrada, donde los liderazgos históricos fueron desplazados. Antonio del Ángel salió del escenario político y, con el paso del tiempo, Movimiento Ciudadano se convirtió en una franquicia dominada por intereses personales y grupos internos.
Para 2023 y 2024, el Comité Municipal quedó bajo la presidencia de Esteban de la Portilla Flores, hijo de un ex alcalde por dos ocasiones, Esteban también fue ex regidor y ex candidato a diputado local. Sin embargo, su liderazgo fue efímero. En menos de un año, el control del partido pasó a manos de Uriel Ponce, quien, tras el trabajo interno realizado junto con el llamado “Jr. de las Sonrisas”, logró posicionarse como regidor en la actual administración municipal encabezada por Armando Martínez (2024-2027).
En diciembre de 2025, Uriel Ponce fue nombrado Coordinador del Comité Municipal de Movimiento Ciudadano, consolidando un nuevo ciclo dentro del partido. No obstante, este nuevo episodio abre una oportunidad que no puede desperdiciarse: una limpia total y profunda del movimiento naranja en Altamira.
Movimiento Ciudadano necesita con urgencia nuevos cuadros, liderazgos jóvenes y perfiles verdaderamente ciudadanos, alejados de viejas prácticas, herencias políticas y cuotas de poder. La depuración no es un capricho, es una necesidad si el partido pretende recuperar credibilidad y convertirse en una opción real.

Si Movimiento Ciudadano aspira a llegar fortalecido a 2027 y posicionarse como la segunda fuerza política del municipio, la limpia debe ser hoy, sin simulaciones ni excepciones.
El tiempo de los arreglos internos terminó. O el movimiento naranja se renueva desde sus entrañas, o quedará atrapado en el pasado que prometió combatir.
