Gran Tampico
Julián Javier Hernández
La politización de la vida es como una neblina que impide ver el mundo tal como es y lleva a la gente a experimentar realidades paralelas: por un lado, la de sus emociones políticas; por el otro, la de sus necesidades diarias. Cuando estas no coinciden, suelen brotar las tensiones.
Hoy estamos llenos de discursos políticos por una doble razón: por el inicio del año y por el cambio de gobierno en Estados Unidos, que sigue siendo la primera potencia mundial. También, en México, se vive cierta efervescencia por el corte de 100 días de la presidenta Sheinbaum y de varios gobernantes. En el caso de Donald Trump, no pasa un día sin amenazar las fronteras de algún país extranjero. Es decir, hay demasiada política en el ambiente.
Les prestamos atención en este periodo porque deseamos saber lo que vendrá con el año. Sin embargo, escuchamos demasiada grandilocuencia y pocos hechos.
Es con los ciudadanos, con el pueblo (como hoy se dice), donde captamos algo verdadero, porque las emociones no se fingen, se sienten. De mi contacto con las personas puedo decir que abrazan serias preocupaciones acerca del futuro, sobre todo económicas. Pero, como estamos en un clima politizado, me arriesgo a ser acusado de servir a la oposición por insinuar problemas de pobreza. Así que mejor tomaré información de una fuente imparcial para evitar malentendidos.
El INEGI interrogó a las personas sobre cuáles serían los principales problemas que enfrentaría México, y estos fueron los resultados: delincuencia y seguridad, 69.8 por ciento; desempleo, 43.6 por ciento, y costo de vida, 42.9 por ciento. Como se ve, son respuestas que confirman la prevalencia del subdesarrollo, no de la riqueza.
Estos son, pues, los retos de 2025 para los gobiernos del país, sobre todo para el federal por ser el rector de las políticas nacionales. En 2018, con López Obrador, inició una etapa diferente en México, con una visión volcada al gasto social y el regreso de actividades económicas al control del Estado. Con Claudia Sheinbaum, desde hace cien días, está en marcha el “segundo piso” de dicha transformación.
A los mexicanos les preocupa la inseguridad y el desempleo; lo dice la encuesta del INEGI. Son deudas sin saldar del gobierno anterior que aún mortifican a la gente; de hecho, otro informe del instituto demuestra que sus temores son fundados: se perdieron 405 mil 259 empleos en diciembre, la cifra más alta de los últimos 20 años.
En este panorama, hay una ventaja formidable del gobierno de Sheinbaum que no tuvo el anterior: la mayoría política en las dos cámaras del poder legislativo. Los mal pensantes, incluso, alinean también al poder judicial. Como sea, la primera mujer presidenta es también la primera mandataria con todo el poder para cambiar al país de acuerdo con su proyecto. La oposición ha quedado reducida a un papel testimonial.
Situación semejante hay en Tamaulipas, donde el gobernador Américo Villarreal ha logrado, al fin, contar con un Congreso del Estado de mayoría política favorable.
Pero las miradas están puestas en Claudia Sheinbaum por tratarse del primer año entero que dirigirá la nación. Más allá de las promesas de continuidad o de cambios ideológicos, le conviene oír las respuestas que dieron los mexicanos al INEGI para tener éxito.
El país está necesitado de crecimiento y seguridad y es admisible, desde la perspectiva de la estabilidad, verlos como un mismo problema; al aumentar el primero, se mejora el segundo. De hecho, es la tesis que sostiene López Obrador cuando propone combatir la delincuencia atendiendo las causas, en vez de recurrir a la fuerza. Por desgracia, el tabasqueño no logró fortalecer la economía y esto condujo a la reducción de empleos.
Hay indicios de que el bajo crecimiento acelera los índices delictivos. En 2020, el PIB cayó a -8.62 por ciento debido a la pandemia del coronavirus. A partir de ahí se dispararon las cifras de robo a negocios, de 505 mil con Enrique Peña Nieto a 527 mil 859 con López Obrador. Las extorsiones aumentaron 16.8 por ciento en el sexenio anterior, según datos presentados el 9 de enero por el equipo de Sheinbaum.
Al unirse la necesidad con la falta de dinero, la gente no duda en recurrir a ilícitos para sobrevivir, y para ello no requiere de actividades peligrosas; basta con poner un puesto de mercancías en lugares prohibidos, en colaborar con apuestas, en revender aparatos robados y en un centenar servicios en el mercado negro que, de cualquier manera, socavan el bienestar de la sociedad.
No queremos un México ni un Tamaulipas así, deprimidos por la pobreza y la inseguridad. Eso respondieron los ciudadanos en la consulta de diciembre.
La doctora Claudia Sheinbaum tiene hoy la magnífica oportunidad de corregir las fallas sin enfrentar resistencias en las cámaras. No solo eso; la respalda el 80 por ciento de la población, que aprueba sus primeros días. Pero este apoyo no es el final sino apenas el principio del largo viaje que le espera.
Debe centrar su mirada en la meta principal. Festejos a Tenochtitlan, a los pueblos originarios, al 68, a la Revolución Mexicana, con ser valiosos, no figuran en la lista necesidades en este momento.
Si atiende la inseguridad y el desempleo, habrá trascendido.
