David Ed Castellanos Terán
@dect1608
Bien dicen en mi pueblo que los hombres son coyones, y la mañana de este lunes quedó demostrado con creces en el patio central de Palacio de Gobierno. El doctor y cardiólogo —pero además de todo, gobernador de Tamaulipas— Américo Villarreal Anaya puso en marcha la Campaña Estatal de Vacunación 2026. Ahí, frente a la línea de honor, el mandatario federal no solo presumió su «brazo de escalador», sino que con toda la actitud y una sonrisa de oreja a oreja, recibió la primera dosis de la vacuna contra la influenza, invitando a la población a poner el hombro para que el estado siga siendo un referente nacional.
Pero la parte divertida —o incómoda, según el cristal con que se mire— comenzó cuando el jefe del Ejecutivo volteó a ver a su gabinete para que siguieran su ejemplo. ¡Válgame Dios! Qué espectáculo nos regalaron los muchachos.
Miren que si de valentía hablamos, al Secretario de Seguridad Pública, el general Pancardo Escudero, usted le puede soltar una pistola cargada y tenga por seguro que no le va a temblar la mano para jalar el gatillo. Ah, pero no le pongan enfrente una jeringa milimétrica, porque el alto mando eligió cuidarse de la inyección y prefirió quedarse inmóvil, petrificado en su silla. Lo mismo le pasó al buen Benjamín, “el novio” de la Secretaría de Turismo; muy barbón, muy grandote, pero de nada sirvió la investidura ni la autoridad de Américo, porque simplemente no hubo poder humano que lo obligara a ponerse de pie.
¿Y qué me dicen del super secretario? Héctor Joel “El calabazo” Villegas, el hombre encargado de que todo funcione bajo la legalidad en el estado, de plano se acurrucó en su compañero Earl Tuexi. A este último solo se le vio cómo se le ponía colorada la nariz mientras se quedaba estático, rezando para volverse invisible. Incluso el jefe de escoltas traía el ceño fruncido; seguro andaba con el Jesús en la boca temiendo que el gobernador lo mandara llamar para meterle un piquetazo en su musculoso brazo. ¡Uff, de la que se salvó!
Menos mal que el de la pluma solo acudió como un humilde espectador, porque de lo contrario, quizás hubiera pasado el mismo bochornoso momento.
Afortunadamente, las que de literal sacaron el pecho por el jefe del Ejecutivo fueron las mujeres. Silvia Casas, titular de la Secretaría de Bienestar, muy sonriente desenfundó los bíceps del brazo izquierdo desquitando el gimnasio y el barrido de toda la semana. De igual forma, Luisa Eugenia Manatou Galván, de la Secretaría de Administración, no ocupó asistente ni choguma para plantarse al frente y ser la primera de la fila en aplicarse el biológico. La que sí sufrió —y mucho— fue doña Ninfa Cantú Deandar; a la «hechicera» de Economía se le notó el terror puro en los ojos mientras la jeringa iba rompiendo esas tres capitas de piel y el fino tejido celular subcutáneo hasta llegar al músculo. Pero aguantó como las grandes.
En la intimidad… Mientras el gobernador se destornillaba de la risa disfrutando del momento a costa de sus secretarios «chiquititos», los datos duros de la salud pública pusieron el toque de seriedad a la jornada. El secretario de Salud, Ricardo Gerardo Guerrero Morales, reportó cifras colosales: al cierre de 2025 se aplicaron más de un millón 142 mil vacunas, logrando coberturas superiores al 80% en los más pequeños. Además, gracias al esfuerzo del sector, Tamaulipas presume un 91.8% de vacunación contra el sarampión, la rubéola y la parotiditis, manteniéndose blindado con cero casos de sarampión en este 2026.
Américo Villarreal destacó también el avance histórico en los indicadores de muerte materna, donde el estado pasó del deshonroso lugar 28 al sitio 12 a nivel nacional. Y en el tema del dengue, aunque se han reportado 43 casos graves que requirieron hospitalización, la entidad se mantiene sin una sola defunción.
Durante la ceremonia cívica, niños como el pequeño Sebastián Castro, de 18 meses, y jóvenes estudiantes recibieron sus respectivas dosis contra el sarampión, el Virus Sincicial Respiratorio y el VPH, cobijados por la plana mayor del IMSS, ISSSTE y las fuerzas armadas.
En fin, la cultura de la prevención en Tamaulipas avanza con paso firme y con la confianza de su sociedad. Una lástima que esa admirable valentía institucional no se contagie tan fácil entre los varones del gabinete, quienes hoy confirmaron que una pequeña aguja asusta más que cualquier reforma legal o problema presupuestal. ¡Qué cosas!
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