Antes de llegar a la cocina de MasterChef, Claudia ya conocía el esfuerzo que implica comenzar desde cero. Durante años recorrió las calles de Ciudad Madero a bordo de su triciclo para vender bisquetes, un trabajo que, asegura, le permitió sacar adelante a sus tres hijos y que finalmente la llevó hasta uno de los escenarios más importantes de la cocina en México.
Claudia recuerda que comenzó a vender desde muy joven y que fue su suegro, Aristeo, quien le enseñó a preparar los bisquetes y a desarrollar sus habilidades en la panadería. Desde entonces, convirtió la venta de estos productos en una forma de vida.
Su rutina era comenzar desde las primeras horas del día. De lunes a domingo recorría distintas colonias con su triciclo para ofrecer sus productos, una actividad que considera fundamental en el camino que finalmente la llevó a MasterChef.
“No tiene nada de malo empezar de cero, no tiene nada de malo superarse, no tiene nada de malo querer ser mejor”, expresó Claudia al recordar aquellos años de trabajo.
Su llegada al programa tampoco fue sencilla. El casting comenzó a través de internet y, tras superar alrededor de diez filtros y varias videollamadas, consiguió avanzar hasta la selección final. Incluso confesó que nunca antes había viajado en avión y que emprendió el viaje con apenas 200 pesos, pero con la esperanza de conseguir un lugar en la competencia.
Una vez dentro de MasterChef, Claudia tuvo que enfrentarse a un reto distinto: aprender técnicas culinarias profesionales. Reconoció que, aunque sabía cocinar, no contaba con una formación especializada y que fue precisamente esa experiencia la que le permitió adquirir nuevos conocimientos.
Para Claudia, la parte más complicada de la competencia no fue únicamente cocinar, sino permanecer lejos de su familia. Como madre de tres hijos, aseguró que uno de sus principales objetivos siempre ha sido brindarles una vida mejor y estar presente en su crecimiento.
Ahora, tras su paso por el reality, su objetivo es convertir esta experiencia en un nuevo comienzo. Aunque el premio todavía se encuentra en proceso de entrega, Claudia ya tiene claro qué quiere hacer: continuar en el mundo de la panadería y establecer su propio negocio.
También busca utilizar parte de este nuevo impulso para apoyar a su familia, particularmente a su padre, quien enfrenta un proceso médico, mientras continúa trabajando para no depender únicamente del dinero obtenido en la competencia.
Claudia asegura que no pretende olvidar sus raíces ni la vida que llevaba antes de llegar a la televisión. Por el contrario, considera que su historia demuestra que el esfuerzo y la perseverancia pueden abrir nuevas oportunidades.
Hoy, aquella mujer que recorría las calles de Ciudad Madero en un triciclo para vender bisquetes busca dar el siguiente paso: abrir su propia panadería, crecer junto a sus hijos y demostrar que su historia en MasterChef apenas comienza.
