David Ed Castellanos Terán
@dect1608
Por momentos, la política tamaulipeca se obsesiona con los grandes anuncios, con la obra visible, con el corte de listón. Y en ese ruido, suele perderse lo esencial, eso que es igual de importante, pero no tan ruidoso. Me refiero al tejido social que no se construye con nada, más que con presencia.
Y justamente eso acaba de ocurrir en el Encuentro de Referentes 2026 “Lazos del Bienestar”. No por el formato, no por el protocolo, sino por el fondo: sentar en una misma mesa a quienes, desde la comunidad, están sosteniendo lo que muchas veces el Estado no alcanza, a veces no porque no quiera, sino por lo monumental que es el servicio público.
Sesenta voces. Doce polígonos. Municipios que no suelen coincidir en el verbo del gobernante: de Victoria a Reynosa, de Matamoros a Tula. Territorios con realidades distintas, pero con una constante: la necesidad de ser escuchados sin intermediarios.
El gobernador Américo Villarreal Anaya habló de una “avalancha” social. Porque lo que se intenta construir —al menos en el discurso— no es un programa asistencial más, sino una dinámica de participación que obligue a la comunidad a asumir un rol activo.
Pero si hay un matiz que distingue este ejercicio, es el sello que imprime María de Villarreal.
Su intervención es el alma de todo. Hay una línea clara: trasladar la responsabilidad a la comunidad. “Ustedes son los dueños”, dijo. Y en esa frase hay una ruptura con el modelo tradicional donde el gobierno reparte y la ciudadanía recibe.
Aquí, al menos en intención, se busca otra cosa: corresponsabilidad.
No sé por qué se espantan. En la política mexicana, el papel de las mujeres en espacios de poder —formales o no— ha sido históricamente subestimado. Sin embargo, cuando logran incidir, lo hacen desde una lógica distinta: menos vertical, más cercana; menos discurso, más vínculo.
María de Villarreal no es ajena a esa dinámica. Su presencia en el DIF no es ornamental. Hay operación, hay seguimiento y hay una narrativa que apuesta por reconstruir comunidad desde abajo, no desde el escritorio.
Los referentes comunitarios hablaron de cambios reales en colonias como Echeverría, Jarachinas o Borreguera. También expusieron carencias. Esa dualidad es la prueba de fuego: reconocer avances sin perder de vista lo que falta.
Si el programa “Lazos del Bienestar” logra mantenerse en esa línea —escuchar, ajustar, regresar—, entonces sí podría consolidarse como algo más que un esfuerzo sexenal.
En la intimidad… En Tampico, la apuesta va por otro frente, pero con el mismo fondo: formar ciudadanía.
La alcaldesa Mónica Villarreal Anaya cerró la primera generación del programa “Tampico Mi Ciudad, Mi Futuro”, un ejercicio que, más allá del nombre, apunta a algo poco atendido: enseñar a las nuevas generaciones cómo funciona la ciudad que habitan.
Hablarle a estudiantes de secundaria sobre espacio público, movilidad, áreas verdes y corresponsabilidad urbana es, en los hechos, invertir en prevención. No en seguridad reactiva, sino en cultura cívica.
El secretario Rogelio Ontiveros Arredondo lo planteó sin rodeos: sensibilizar a las juventudes sobre su papel en la construcción de ciudad.
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