Con respeto al valor histórico y espiritual que representa para la comunidad, avanza de manera gradual el proyecto inicial de restauración de la Iglesia Santiago Apóstol, uno de los templos más emblemáticos de Altamira, el cual aún deberá completarse y contar con la aprobación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) antes de iniciar cualquier intervención.
Los primeros lineamientos fueron presentados por la arquitecta especializada en restauración, Aureli Delgado, quien cuenta con experiencia en trabajos similares realizados en la región. Aunque no ha sido designada directamente por el INAH, su participación permite sentar las bases técnicas necesarias para proteger este inmueble que forma parte de la identidad y memoria colectiva de la ciudad.
El párroco del recinto señaló que, hasta el momento, no se ha registrado un deterioro estructural mayor, y que la comunidad ha procurado mantener el templo en las mejores condiciones posibles mediante acciones preventivas, como limpieza constante y la protección de áreas vulnerables, siguiendo las recomendaciones técnicas recibidas.
El andamio instalado en el lugar permanece como una medida de resguardo, recordando la importancia de actuar con responsabilidad y paciencia en la conservación de un espacio que por generaciones ha sido punto de encuentro, fe y tradición para los altamirenses.
En esta etapa inicial aún no existe un estimado total del costo de la obra, ya que los trabajos se concentran en estudios preliminares, que incluyen análisis estructurales y arquitectónicos, así como la elaboración de los planos necesarios para su futura intervención.
Para el financiamiento del proyecto, se prevé recurrir a recursos estatales y municipales, además del apoyo solidario de feligreses, empresarios y actividades comunitarias que año con año se realizan en la parroquia, reflejo del cariño y compromiso de la sociedad con su patrimonio.
Finalmente, se informó que no hay una fecha límite para la entrega del proyecto completo, pues lo presentado hasta ahora representa apenas el inicio de un proceso que busca preservar con cuidado y respeto un espacio fundamental en la historia y vida espiritual de Altamira.
